Mañanas intencionales

Es un martes por la mañana, me despierto a las 6:30.

A pesar de haberme dormido a medianoche por el trabajo, me siento descansado.

Mi ritual de las mañanas no tiene mucha ciencia: bebo agua, cojo mi iPad y abro mi diario en donde escribo mis pensamientos, algún recuerdo positivo, y agradezco algo o a alguien.

Esto me ayuda a estar presente y sacar todos los pensamientos que estén rondando por mi mente.

Acto seguido, leo un poco.

Ahora mismo leo un libro de historias cortas que se llama ‘Sightseeing’, escrito por el autor Tailandés/Americano Rattawut Lapcharoensap.

Elegí este libro por que de alguna manera me ayuda a entender al país que me acoge y lo que hay detrás de cada sonrisa en la ciudad.

Cuando dan las 8am, hago ejercicio (uno de los objetivos del viaje es estar en forma de algún modo), medito por el tiempo que sea necesario (a veces desde el piso, otras veces desde algún templo budista cercano), y después me doy una ducha.

Mi parte favorita del día es el desayuno.

Normalmente a Begüm le gusta preparar la comida. Yo me encargo de ir por los ingredientes, lavar los trastes después de comer, y dejar todo limpio.

En nuestro desayuno hemos incluido algo de nuestros dos mundos: dieta mediterránea por Turquía (pepino, tomate, aceitunas) y dieta de México (fruta, huevo, y jugo de naranja).

Cuando alguien nos ha visitado en Bruselas, se ha dado cuenta de que desayunar con nosotros es todo un acontecimiento. Como si fuera una experiencia.

Hablamos, nos ponemos al día, intercambiamos ideas acerca del mundo, planeamos viajes, agendamos actividades para el fin de semana… y en algún momento nos damos cuenta que ya es la 1.

En Bruselas lo solíamos hacer cada domingo, cuando ambos teníamos tiempo y podíamos tener un día lento.

En Chiang Mai, lo podemos hacer más seguido, ya que empezamos a trabajar hasta las 3 de la tarde.

Dejar que el cuerpo y la mente se vayan adaptando lentamente al día es un privilegio que no muchos se pueden permitir hoy en día. O las personas simplemente han dejado de saber hacerlo.

La gente está estresada desde el amanecer. O peor, desde la noche anterior.

Se duermen tarde con el teléfono y se despiertan para ver el teléfono, en donde pasan horas en las redes sociales o leyendo las noticias. La lista de responsabilidades y preocupaciones llena sus mentes.

Por ahora, nuestras mañanas intencionales nos han dado más energía y satisfacción con la vida. Y es algo que vamos a priorizar de ahora en adelante.

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