La idea de partir y tomarnos un año sabático para viajar surgió hace alrededor de dos años.
Mi amigo Alex, francés a quien conocí en mis primeras semanas viviendo en Bruselas, iba llegando de su segundo año sabático cuando hablé por primera vez con él.
Su último destino había sido Japón y me contaba acerca de sus aventuras por aquel país y el sentimiento de libertad de no tener una agenda que seguir.
Esa idea se quedó vagando en mi mente por un tiempo. Parecía un objetivo lejano y difícil ya que requeriría de bastante planificación de tiempo y finanzas.
Y es así como empecé a apartar algo de dinero cada mes, ‘para el futuro’.
——
Después de haber vivido en Bruselas por siete años, Begüm y yo tomamos la decisión de hacer ese viaje que hasta ahora era solo una idea o sueño lejano.
La rutina nos tenía un poco cansados y aburridos. La gente con la que convivíamos estaba cada vez más ocupada con sus propios planes. El trabajo se había convertido en una tarea sin novedad. Y la ciudad ya no nos aportaba mucho.
Poco a poco planeamos nuestra salida del trabajo, el final del contrato de alquiler, y hacer todo lo administrativamente necesario.
Pero, ¿que había en el fondo de esta decisión?
De eso hablaré en la segunda parte de mi nota.

Deja un comentario